Keep moving, never stop changing

Viejos compañeros

Me gusta la fotografía desde hace mucho y si tengo que resumir con una sola frase lo más importante de la fotografía, sería:

    "La mejor cámara que existe es la que tienes contigo"

Me ha costado mucho tiempo, y dinero, aceptar realmente que no hay mejor cámara que la que tienes. Cuando se empieza en esto de hacer fotos tu ojo se vuelve quisquilloso, detecta errores y fallos con precisión de cirujano, vamos un troll de categoría. Una vez mejoras algo es muy complicado renunciar y eventualmente la cagarás, vas a dejar de hacer alguna foto porque sabes que lo que tienes a mano no es ‘suficientemente’ bueno… ERORR!!! No hay peor foto que la que no has hecho.

Panasonic Lumix GX7

Panasonic Lumix GX7

Toda esta parrafada es para justificar mi ultimo gasto fotográfico. Juzgadlo vosotros mismos. Tengo una Nikon D7000 + 28-70 f2.8 + 70-200 2.8 + 50mm f1.8 y me acabo de comprar una Lumix GX7 + 20mm f1.7 … No hay color.

Sin embargo desde que tengo mi pequeña, elegante y resultona GX7 hago más fotos, he podido disfrutar más veces de fotografiar y, más importante, he puesto a la venta todo mi material ‘pro’. Llegar a este punto ha sido un camino largo, y subjetivamente provechoso.

Entrando más en detalle, si hay otro consejo que puedo dar a cualquier fotógrafo que esté empezando es que lo único que nunca se debe negociar es el objetivo. Después del bicho (es decir tu o yo) que aprieta el botón de afotar es lo más importante que hay… traducción: si vas a gastar dinero que sea en un buen objetivo. Otro día escribiré sobre mis preferencias concretas a ese respecto, hoy toca algo de historia, así que agarraos a la silla y limpiad las gafas que toca parrafada larga.

Entrada analógica

De una manera u otra llevo apretando el botón de disparo desde pequeño. Siempre me ha atraído la magia de poder guardar lo que ves y verlo después en papel. Mi primera reflex fue una Cosina, aun la tengo en casa acumulando polvo más que nada sic, una herencia anticipada de mi padre que debía estar hasta las napias de que siempre quisiese trastear con esa cosa negra que pintaba lo que veía por un agujero.

De esa época recuerdo sacar fotos sin más afán que sacarlas y el asistente de enfoque manual, un circulo en el que las líneas rectas se veían partidas si no estaba enfocada. Era relativamente asequible revelar carretes, el patrocinio materno-paterno me hacía ser ajeno a los costes más allá de algún ceño fruncido o alguna queja por lo bajo. He de decir que muchas de estas quejas venían de la diferencia de criterios sobre si malgastaba o no fotos… me gusta sacar fotos a las cosas, no a mi con las cosas. Pero con el tiempo y llegados los 20 años se hizo insostenible, otros vicios llenaban mi cabeza y vaciaban mi bolsillo.

Inicios binarios

Me tocó ser espectador, bastante pasivo, de los inicios de la fotografía digital. Desde un lugar totalmente casual pasaron por mis manos compactas y móviles de variopinta calidad. Me empece a acercar a cosas más técnicas en temas de óptica, sensores y algoritmos de compresión (estudiar física ayuda :P). Pero hubo una conversación que fue la que hizo que volviese a querer sacar fotos de nuevo: la profundidad de campo.

¿Cómo? ¿Que además de trastear para que una foto se viese también se podía jugar con cuanto de la foto se ve enfocado? ¿Que ahora para exponer tenías 3 cosas para cambiar: Apertura, Obturación y Sensibilidad? … todo lo que estaba pasando y yo me lo estaba perdiendo. Con una velocidad pasmosa las cámaras que tenia a mano se hacían más limitadas, el truco de exponer y re-encuadrar era tu mejor amigo y empezabas a no maravillarte con JPEG y sus tamaños reducidos. Era la época de la cantidad, del quiero más, de la carrera de los mega pixeles, del inútil zoom digital y sobre todo de volver a fotografiar.

Run Forrest, run!

Viejos compañeros

Viejos compañeros

Las mariposas de la fotografía habían vuelto y conseguir una cámara que me permitiese jugar con la profundidad de campo era una obsesión… Ignorante de mi, los cantos de sirena de las bridge me cautivaron y una Olympus SP-630Z significo el inicio de un proceso super acelerado de aprendizaje, prueba y error, frustración, alegría y búsqueda de novedades.

La autopista de cambios me llevo desde una Olympus SP-630Z a: una Nikon D5000, un 35mm f1.8, una D7000, un 50mm 1.8, un 24-70mm f2.8 y un 70-200mm f2.8 … en apenas año y medio. Mejor ni pienso en los leuros gastados. Todo para darme cuenta de que el 90% de las fotos que hice fueron con las focales fijas las más baratas y luminosas de las inversiones.

Después de un buen tiempo disfrutando de mi super equipo cuasi-profesional, puro músculo fotográfico, me doy cuenta de lo que pesa y poco manejable que es en día a día. Ir por la calle con un conjunto de cámara y objetivo que rondan los 2Kg no es ni discreto ni cómodo… eso si, brazo sacas.

Sonría ha sido Micro Cuatro Tercios

Y aquí estamos, años después negociando conmigo mismo que hacer para seguir haciendo fotos. La calidad es innegociable, el objetivo luminoso por favor y ya puestos bonito, pequeño y baratillo. ‘Pides pouco, rapaz!’ dirían los viejos de la zona, así que tocó bucear por la red de redes y leer muchas opiniones y experiencias. Buscaba una segunda cámara que pudiese llevar a todos los lados sin sacrificar demasiado… a ver hasta donde estaba dispuesto.

Mi salvación llegó al encontrar la apuesta de Olympus y Panasonic Micro Cuatro Tercios ¡¡¡Gracias Olympus y Panasonic por no abandonarlo!!! Cuerpos reducidos, estética retro, objetivos pequeños y en general muy buenas opiniones… y ahí apareció entre las cámaras la Lumix GX7, flechazo inmediato. No me quedó más remedio que aceptarlo y caer en sus brazos.

Me entro por los ojos, pero me conquisto su interior. Tanto que me he olvidado de mi viejo amor y pasaré página para un mundo más ligero y ágil. Ló único que no se negocia es el objetivo! :)

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